Hay personas, que al igual que Prometeo, pasan sus días encadenas a rocas y con buitres picoteándoles el hígado.
Bien, es cierto que las rocas no son tales, que parecen escritorios, mostradores, teléfonos celulares, anfetaminas, cocaína,billetes, trajes, televisores, armas. Ninguno es nadie sin sus cadenas. Ni hasta encadenados llegan a algo que valga la pena.
Por supuesto, Prometeo era inmortal, aspiraba a dios, y los dioses le dieron su merecido.
A estas personas, en cambio, se les olvida, que son de carne y hueso, que sus hígados no se regeneran y que los buitres crecieron con los años.
Prometeo finalmente burló a los dioses, trampeó en la condena de vivir encadenado a las rocas del monte Olimpo, poniéndose un eslabón de la cadena con una roca engarzada a modo de anillo.
Como haremos para engarzar nuestras rocas en eslabones de tan grandes cadenas.
Ni siquiera la mano de dios, podría soportar el peso de un anillo fruto de tan descomunal demencia.
|